Placentofagia: ¿Es realmente beneficioso ingerir tu propia placenta?

Hay poco apoyo clínico para mujeres que ingieren su propia placenta tras dar a luz, pero parece que está ganando popularidad. Sarah McClymont investiga la causa y qué evidencia hay de que existan beneficios.

La placenta es un órgano complejo que actúa como interfaz entre la madre y el feto. Rica en hormonas y nutrientes, la placenta tiene funciones respiratorias, nutricionales, excretoras, protectora y hormonales que el feto en desarrollo no puede desarrollar por sí mismo (Wylie, 2005).

Aunque la placentofagia es un instinto maternal bastante común entre los mamíferos no humanos (Adanu y Boama, 2011), la placentofagia humana, comer la placenta para ingerir hormonas es más polémico. (Winson y McDonald, 2005).

Muchos obstetras del oeste no recomiendan la placentofagia, defendiendo la teoría de que no aporta beneficios.  Por ejemplo, la consultora obstétrica Maggie Blott dice que no hay necesidad de placentofagia dado que la gente está  hoy en día bien nutrida, no como los animales que comen su propia placenta para nutrirse (Peck, 2013).

(Farr et al 2017) dice que los “supuestos nutrientes” que se hallan en la placenta no presentan la suficiente concentración para ser potencialmente beneficiosos para la madre tras el parto y no se ha encontrado evidencia científica de ningún beneficio clínico.

Se ha expresado preocupación por el riesgo de contagio de enfermedades tales como SIDA, hepatitis y otras enfermedades transmitidas por la sangre (Hayes, 2016). Entonces por qué la placentofagia humana está siendo cada vez más popular en Reino Unido,  con un número estimado de 4000 mujeres participando en esta práctica entre los años 2009 y 2014 (Maxted, 2014).

El protagonismo entre los medios de comunicación ha aumentado y el apoyo de las celebridades parece que está influyendo en la percepción de la gente sobre la placentofagia, y los profesionales entrenados en encapsulación destacan un aumento de demanda por el servicio (Codd, 2012). Por ejemplo, la estrella de la serie Mad Men, January Jones admitió haber ingerido su placenta por medio de la encapsulación como método contra la depresión y fatiga (Peck, 2013), y lo mismo hizo Coleen Rooney tras el nacimiento de su tercer hijo (BBC, 2016). Estos actos por parte de las celebridades pueden repercutir en la práctica de la placentofagia, con algunas mujeres fácilmente siguiendo este tipo de acciones de sus ídolos favoritos.

Otro indicador de la subida de la placentofagia es el aumento de información disponible en internet. Por ejemplo, una búsqueda llevada a cabo en junio 2012 en Youtube utilizando la frase “encapsulación placenta” dio lugar a 97 resultados (Selander et al, 2013). La misma búsqueda llevada a cabo en octubre de 2017 dio 5.340 resultados (Youtube, 2017). El número de páginas web ofreciendo servicios relacionados con la placenta también está creciendo.

Evidencia de la investigación

La investigación ha reportado beneficios potenciales para la placentofagia en mamíferos no humanos, tales como mejora en la unión entre la madre y la cría, aumento neuroquímico del umbral dolor  y mejora del comportamiento maternal (Kristal et al. 2012). Pero la investigación de los beneficios al ser humano empieza a ser más complicado de alcanzar: Hay una falta de investigación en este campo que involucre a seres humanos, posiblemente debido a los complejos principios étnicos.

Ninguna investigación médica de esta naturaleza debe adherirse a la Declaración de Helsinki (World Medical Association, 2013), la cual dicta que toda investigación médica involucrando sujetos humanos debe basarse en experimentos animales si fuera necesario. La mayoría de las investigaciones relacionadas con la placentofagia han sido llevadas a cabo en animales, particularmente en ratas.

Aunque la investigación animal ha proporcionado conocimientos nuevos sobre la placentofagia, no es representativa de seres humanos. Por ejemplo, en el caso de depresión post parto no hay un modelo animal adecuado para un post parto humano (Beacock, 2012). Para conseguir un mejor entendimiento de los beneficios en los humanos en relación a la placentofagia, no hay ninguna necesidad de más investigaciones que involucren a personas.

La placentofagia humana es un campo que se está empezando a estudiar. Investigadores que han estado estudiando placentas desde 2008 añade el médico antropólogo Daniel Benyshek, la estudiante de doctorado Sharon Young y la asistente de profesor graduada Allison Cantor. Con Jodi Selander, fundador de la organización Placenta Benefits, la cual publicó el primer estudio de placentofagia humana que examinó la motivación  y experiencias de las mujeres al consumir placenta (Selander et al, 2013). El estudio fue llevado a cabo utilizando los resultados de una encuesta hecha a 189 mujeres mayores de 18 que ingirieron su placenta después de dar a luz. Los resultados sobre la información reportada por las propias mujeres sobre una mejoría del ánimo eran del 40%.

Anemia prevenida o curada, recuperación acelerada, apego con el bebé, mejoría de la duración y calidad del sueño. reducción de dolor y facilidad de cicatrización – todos fueron reportados como los beneficios agrupados en el colectivo de “otros”.

Limitaciones de la investigación

La mayoría de mujeres han declarado la ausencia de efectos negativos al consumir su placenta. Sin embargo, algunas experimentaron un aumento de calambres uterinos y sangrado vaginal, problemas digestivos, sofocos, lactación excesiva, aumento de acidez, manchas en la piel y náuseas. Es difícil determinar si estos problemas surgen debido al consumo de placenta o si habrían ocurrido igualmente, al no haber grupo comparativo.

Incluso con los efectos negativos sufridos por algunas, 98% de los participantes indicaron que volverían a ingerir la placenta. Con la mayoría de las mujeres informando de los beneficios y pocas sobre los efectos negativos, el estudio indica que esas mujeres  habían tenido una experiencia positiva consumiendo su placenta. La metodología del estudio tiene limitaciones y es irrelevante que las experiencias sean subjetivas, es un hecho aceptado por los autores del estudio.

En consecuencia, no es posible determinar si los beneficios reportados fueron debido al consumo de la placenta o un efecto placebo causado por la creencia de la mujer en que los beneficios ocurrirían. El tamaño del ejemplo y la falta de comparación del grupo también dificulta sacar conclusiones claras. Son necesarios más estudios, especialmente uno que utilice un elemento de control de placebo.

Un estudio piloto aleatorio, controlado con placebo, que examinó los efectos de la placentofagia en el estado de hierro en el posparto encontró que la suplementación con placenta encapsulada no mejora significativamente ni deteriora el estado de hierro materno posparto en comparación con el placebo de carne de vaca (Gryder et al, 2016).

Otro estudio piloto aleatorio controlado que recogió diferencias en los niveles de saliva hormonal, estado de ánimo, apego y fatiga: en 27 mujeres que ingirieron cápsulas de placenta tras el parto contra un placebo no encontraron diferencias relevantes entre los grupos (Young et al, 2017a: 2017b).

Aunque aún falta la evidencia científica en el campo de la placentofagia, muchos afirman que la ingesta de placenta puede prevenir la depresión posnatal. Si esta afirmación es apoyada por evidencia de investigación, los servicios de encapsulación podrían llegar a estar más aceptados y reducir parte del coste del tratamiento de depresión posnatal. Sería necesario considerar un análisis de costes en próximos estudios.

Riesgos potenciales

A pesar del hecho de que muchos apoyan los beneficios de la placentofagia, no está claro que su consumo sea una ventaja. La placenta no es estéril y hay elementos como el selenio, cadmio, mercurio y plomo, que junto con bacterias, han sido identificados en tejidos de placenta tras el parto. Se desconocen los posibles efectos adversos de estos elementos en las mujeres que consumen la placenta. (Coyle et al, 2015).

Además, un riesgo que no se ha considerado es la seguridad de la placentofagia para los fumadores. ¿Los productos químicos dañinos, como el monóxido de carbono, que cruzan la placenta durante el embarazo (Wylie, 2005) aún permanecen en la placenta después del nacimiento?

Una investigación que examina la cantidad de benzopireno, el cual puede causar cáncer (National Cancer Institute, 2018), dentro de las placentas, descubrió que estaba presente en las placentas de las mujeres que fumaban y no se detectaba en las de los no fumadores (Welch et al, 1968).

Aunque esta investigación está anticuada, todavía indica un peligro potencial para los fumadores que participan en placentofagia.

Dada la posible presencia de químicos peligrosos, no sería ético probar los efectos de consumir la placenta de un fumador en un participante humano y cualquier investigación emprendida en este campo tendría que realizarse en animales.

Mientras tanto, las matronas deben asegurarse de que los fumadores que deseen participar en placentofagia sean conscientes de los peligros potenciales hasta que la investigación demuestre evidencia de lo contrario.

Otro riesgo que se ha identificado es la propagación de enfermedades transmitidas por la sangre como el VIH (Hayes, 2016) por lo que la placentofagia no se recomienda para mujeres con estas enfermedades.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EE. UU. Identificaron el riesgo de erradicación inadecuada de patógenos infecciosos durante el proceso de encapsulación. Se emitió una advertencia para evitar la ingesta de cápsulas de placenta tras un caso en el que un recién nacido desarrolló estreptococo sepsis del grupo B neonatal después de que la madre ingiriera cápsulas de placenta contaminadas (Farr et al, 2017).

Conclusión

Ninguno de los beneficios reportados de placentofagia está respaldado por evidencia científica. Sin embargo, algunos hallazgos de investigaciones tempranas sobre las experiencias de las mujeres sugieren que puede haber algunos beneficios al ingerir su propia placenta, y existe la necesidad de realizar estudios de investigación controlados para confirmar o refutar las opiniones de estas mujeres. Los efectos negativos y los riesgos asociados con la placentofagia necesitan una investigación más profunda así como la exploración de las implicaciones de costes.

Sarah McClymont es partera en la Unidad de partería de Lagan Valley en Lisburn, Irlanda del Norte.

rcm.org.uk/midwives

3 Comments

  • Posted 29 de junio de 2018 08:14 0Likes
    By psicologos torrejon de ardoz

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  • Posted 29 de junio de 2018 07:52 0Likes
    By ondas de choque torrejon de ardoz

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    Saludos

  • Posted 29 de junio de 2018 07:19 0Likes
    By psicologo torrejon de ardoz

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