NEPAL

La primera vez que fui a Nepal fue en 2013 para hacer un voluntariado como matrona. No es el típico del que te enamoras pero poco a poco estando allí me cautivó. Es un sitio vibrante, ajetreado, colorido que te toca, donde conocí mucha y muy buena gente.

Desde los olores (maravillosos y desagradables), los colores, la gente, las vacas en las calles de Katmandú, los perros callejeros gobernando la noche, el viejo hombre de la esquina y su máquina de coser hasta los impresionantes paisajes, todo ello me ha empujado a volver todos los años como voluntaria independiente.

Tristemente la atención maternal en Nepal está lejos de la inspiración. Las mujeres no son tratadas con respeto y amabilidad y la violencia obstétrica es la norma. En las áreas rurales muchas mujeres y bebés mueren durante el parto. La atención sanitaria es escasa o inexistente, y a menudo las mujeres tienen que caminar durante días para poder alcanzar un centro médico donde las puedan ayudar; en las ciudades los hospitales están abarrotados de gente además de sucios y el cuidado es muy medicalizado e impersonal. La tasa de intervenciones es alta y casi la mitad de los partos acaban en cesárea con todo lo que eso conlleva.

Sin embargo siempre hay esperanza y las cosas están mejorando poco a poco. En diciembre de 2016 empezaron a impartirse cursos de estudios de matronas por primera vez y 15 jóvenes mujeres están haciendo ahora historia convirtiéndose en las primeras matronas nepalíes.

El desafío para ellas es que no hay matronas que las puedan enseñar. Sus profesoras son enfermeras-matronas, las mismas que forman parte del sistema de irrespeto y abuso hacia las mujeres. Ellas mismas temen y sienten aprensión hacia el parto o tienen sus propias historias de terror que contar.

Las estudiantes y sus profesoras necesitan y quieren desesperadamente ayuda para poder pasar esa transición de dejar de ser enfermeras a ser matronas para así poder ayudar, abogar y proteger los derechos humanos de la mujer en su cuidado y comenzar a ver el embarazo y el parto como una celebración y no como un una experiencia horrible que las mujeres temen.

Junto con dos compañeras viajo a Nepal todos los años para compartir nuestros conocimientos y experiencia con estas mujeres que trabajan en la maternidad, llevamos a cabo talleres multidisciplinarios, fomentando la empatía, la amabilidad y los derechos humanos de las mujeres además de enseñar a las nuevas estudiantes las habilidades que necesitan para mejorar el cuidado de las mujeres.